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Hasta pronto Circula

Por: Andrea Cross Villaseñor
October 19, 2026

Hay lugares de los que una se va sin irse del todo.

Después de dos años y medio, cerrar mi etapa laboral en Circula me invita, inevitablemente, a mirar hacia atrás. Recuerdo el día que me entrevistaron y aquél primer abrazo tan cálido de Gris en la oficina de Antigua. Recuerdo las preguntas que me hicieron Pau, Marquitos y Tato. Hablamos de Proceso Justo y de las Prácticas Restaurativas. La entrevista sucedió un viernes y el lunes siguiente me recibió el equipo, ya con Flor, y nada más y nada menos que John Braithwaite. Por eso, cuando pienso en el inicio y cómo se fue desarrollando este tiempo, no pienso primero en los proyectos, los talleres o las horas de facilitación. Mi memoria me lleva a las personas, en sus rostros, sus historias, los círculos compartidos, la infinidad de abrazos que recibí y en esas relaciones que de alguna manera me transformaron.

Uno de los primeros círculos en los que participé como coordinadora fue en zona 1. Siento que ese círculo me confrontó conmigo misma y me enseñó algo que, hasta la fecha, sigo creyendo con total convicción: el poder de la palabra y de la libertad conlleva una enorme responsabilidad ¡Cuánto agradecí la presencia y sabiduría de Flor en ese momento! Comprendí que, para facilitar una práctica restaurativa, los bichos del juicio y la impulsividad, tienen que sacudir sus alitas y aprender a volar.

Solo entonces podemos mirar más allá de los estereotipos, los supuestos, las profesiones, las vocaciones o los lugares que ocupamos en la sociedad y encontrarnos pura y genuinamente con la persona que está frente a nosotros. Lo veo como un acto de justicia.

Ese círculo me permitió ver la esencia profundamente humana, humilde y honesta de alguien con quien, antes de aquella experiencia, jamás habría imaginado construir una conexión. Estoy segura que algo se transformó en mí. Entendí que facilitar no se trata de tener todas las respuestas en la punta de la lengua o seguir una planificación con casillas cuadradas, como una lista de cosas que hay que hacer y cumplir. Es necesario parar, tomar un respiro y sostener los espacios para que las historias y experiencias de las personas se vayan entretejiendo y generar una experiencia verdaderamente restaurativa. Porque en todo proceso restaurativo, por más sencillo que se vea, la dignidad de las personas no es negociable. Se ubica en el centro.

No sabría cómo enumerar los procesos que acompañé. Todos podrían ocupar el primer lugar porque, como bien lo dice Flor: “Estar en círculo me acerca al mundo en el que quiero vivir” y tuve la dicha de participar en muchos. 

Barrios Dialogantes me permitió acompañar conversaciones en distintos barrios de la Ciudad y en Antigua. Comprendí que Guatemala la habitamos, la vemos y la vivimos de formas tan, pero tan diferentes y que sí es posible una reconstrucción del tejido social cuando nos vemos, escuchamos y reconocemos. Cómo olvidar el cierre colorido, en todos los sentidos, de ese proyecto frente al Ministerio Público. En serio, recuperamos y le dimos valor a las historias de las personas de los barrios que pusieron el cuerpo y corazón en defensa de la democracia.

El Diplomado en Justicia Restaurativa me regaló la posibilidad de coordinar y co-facilitar procesos pedagógicos más largos, vivenciales y centrados en hacer CON las personas. Cada diplomado que acompañé tuvo su particularidad. Poco a poco presencié el poder transformador de la justicia restaurativa en las y los participantes. Pude ver preguntas convertirse en aprendizajes y aprendizajes convertirse en acciones transformadoras. Lo repito, en la región hay esperanza y es gracias a las personas que, genuinamente, trabajan por el bien común en sus territorios. 

Uno de los recuerdos que guardo con especial cariño es el proyecto Raíces de Memoria, Frutos de Justicia en alianza con Asociación Civil Verdad y Vida. Durante dos años con Gris viajamos una vez al mes para encontrarnos con integrantes de la Junta Directiva y socias de la Asociación Memoria, Dignificación y Esperanza en Santa Lucía Cotzumalguapa, Escuintla. Dorita, Elizabeth y las compañeras de AMDE me enseñaron que hay un mundo más allá de lo que cualquier libro o intelectual pudiese retratar. Hay experiencias de vida que solamente quienes las vivieron las pueden contar desde los cinco sentidos. Aquí la importancia del reconocimiento y resguardo de la memoria histórica. Es uno de los regalos que da el círculo. Facilitar un espacio seguro desde el que las mujeres pueden contar sus historias y las demás escucharlas, aprender de ellas y fortalecer las relaciones. 

Circula me permitió viajar por distintos territorios de Guatemala. Uno de los primeros traslados fue a Panajachel, mi hogar. Nos fuimos a facilitar con Mafer y Yara. El camino no fue silencioso. No paramos de hablar y contarnos un sin fin de historias. En otra ocasión llevé a Flor y a Ted Wachtel a Pana. Aún me cuesta creer que, en mi carro y con mi inglés a medias, charlamos sobre la forma de los árboles y la arquitectura de las casas que veíamos al costado de la carretera con Ted y con Flor. 

Otro viaje, pero más largo, fue a Ixcán con Pau y con Yara. La humedad, la lluvia y el calor fueron los temas principales de nuestras pláticas. Sí que comimos mucha tortilla con queso durante esos cuatro días. Recibimos muchos abrazos de las compañeras de Mama Maquin y ellas, desde su sabiduría, nos compartieron algunas recetas hechas a base de plantas medicinales para curar el dolor de estómago, el dolor de muela y cólicos menstruales. También fuimos a Santiago, Sacatepéquez a conocer la historia de las Mujeres de AFEDES. Es imposible describir todo lo que hacen con base en los valores de la Red de la Vida ¡Qué mujeres tan poderosas!

Quizá ese sea el regalo más grande que me deja Circula, las personas y el relacionamiento con cada una de ellas. Hoy, mientras escribo estos párrafos, sostengo que las prácticas restaurativas no viven solamente en una metodología. Viven en la manera en la que elegimos ver a las personas, en escucharlas genuinamente, en nuestra disposición para dejarnos tocar por aquello que el otro trae, en dejarnos maravillar por eso y en la posibilidad de reconocernos profundamente como seres humanos aún desde nuestras diferencias.

Hoy cierro esta etapa para comenzar un poquito lejos de Guatemala. Me voy agradecida con Circula y con cada persona con la que compartí en círculo. Qué privilegio tan grande estar y hacer CON ustedes.

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